viernes, 22 de mayo de 2009

Restos de letras y tinta



Gente que conozco de sorpresa en negocios populares, en sucuhos con nombres simples y poco elegantes. Con olor a pueblo, a vino y tabaco. Lugares cotidianos donde menos te imaginas encontrar restos de letras y tinta. Me encuentro con Quijote, Neruda y Lemebel. Cinco minutos es suficiente para crecer. Me miran con sus ojos tan penetrantes, como queriendo decir: “He vivido y he escrito sobre tus sueños y deseos”. Que situación menos planeada, que momento tan frágil, que azar más exquisito. En los espacios más cotidianos, en las horas menos calculadas, te encuentras con las personas más interesantes. Cajas de sorpresas, en callejones solos y oscuros, iluminados con faroles parpadeantes.

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