jueves, 30 de abril de 2009

Memorias de un amor enfermizo


Así se le ve, caminando cuando nace el sol. Con sus lágrimas alimenta la suave brisa de la mañana. Cierra sus ventanas, dejando fuera el día y así, se hace una noche artificial. Mira por su ventana ¿Aun es de mañana? ¿Habré muero? Se pregunta. Todo es tan confuso, las voces vuelven a invadir su mente, tienen infinitas formas, electricidad húmeda, silencios estruendazos, poetas griegos, que locura. Ideas enfermizas inundan su mente. La vida es extraña a veces. Nos sorprende cuando menos lo esperamos, nos abandona y nos invade de soledad, soledad eterna, una soledad invasiva que contamina. Ella mira hacia atrás y observa la gente que ha dejado, que siguen sus vidas con una facilidad envidiable. Por qué se pregunta, porqué este temor y esta incertidumbre. Porqué no podré controlar a las personas que tengo a mi alrededor, seria todo tan fácil. Me adueñaría de sus vidas, controlaría sus días, sus horas, sus pensamientos, sí eso seria bueno. Los puedo convencer para que no se vayan. No quiero vivir en soledad, otra vez. Todos me servirían, haríamos fiestas para cubrir el silencio, tendría amores fingidos y cuerpos fingidos, que placentero sería. Crearíamos armonías hipotéticas. Ayúdenme voces, háganse reales, conviértanse en personas, conviértanse en lo que la gente llama humanidad y ayúdenme a encontrar mi dignidad. Compañeras de sueño no se vayan nunca, aunque me atormenten a cada segundo, cada tic tac que son como agujas que se clavan en mi piel y dejan cicatrices. Sí, dejen cicatrices y huellas en mí, que íntimo, si hasta lo imagino. Con esas cicatrices recordaré que el pasado existió, un pasado perfecto en mí mundo casi perfecto. No tendré recuerdos de soledad, de frialdad, de penas y llantos cubiertos por el encierro y la vergüenza de mostrarme vulnerable, de mostrarme un poco humana. Síganme hasta mi muerte, pero no después de ella, por favor. Cuando morimos volvemos al lugar de donde vinimos, yo no lo recuerdo, pero se que será mejor que esta vida que estoy teniendo. Quiero vivir una segunda vida con gente real. No sienta celos voces tormentosas,si mi estadía con ustedes tiene una larga duración, casi eterna. No creo que otros seres ficticios puedan ser más felices de lo que fuimos nosotros.

lunes, 27 de abril de 2009

“Vida, Muerte y Sentido”


Siento que llevo una Vida que no quiero vivir. Una Vida que no he soñado. La rutina me envuelve, me limita a ver más allá, suprime mis sentimientos y finalmente mi razón. Esta Vida me enceguece, involuciona mi conciencia, suprime la posibilidad de encontrar la respuesta a las cosas, de llegar a mis propias conclusiones, de tener mi propia visión de tu mundo, tu día a día.

Mi experiencia de vida me ha hecho madurar, pero una madurez distinta, una madurez emocional. Viví la Muerte en carne propia, mate la Muerte con mi fe, con lo intocable, lo intangible. Sobreviví, pero dejó un rastro, una huella que no sana, mato mi memoria, mis recuerdos, como un resplandor, como un resplandor de una mente sin recuerdos. Prefiero no recordar esa Vida no vivida, una Vida olvidada, como una ficción inventada por poetas tristes y divagantes. Poesías que nos llenan de Vida para olvidar la Muerte, como los sueños, donde conocemos realidades que nunca veremos, escapamos de nuestro castigo, nos separamos de nuestro cuerpo fallido, imperfecto, enfermizo y nunca querido. El poeta nos hace soñar, nos regala un respiro que alivia, el símbolo de sobrevivencia, pero sin embargo se acaba, ese respiro final cambia su nombre, el último, el que anuncia nuestro final. Tememos a la Muerte, a ya no respirar, sino a expirar ¿Por qué morimos? ¿Qué es la Muerte? Es un contraste, un opuesto, que gracias a ella valoramos nuestra Vida. Con ella tomamos conciencia y aceptamos que las cosas tienen un fin, tomamos conciencia de un pasado, de nuestro logros que nos hacen sentir orgullosos. Sin ella no sabríamos si estamos comenzando la vida o si ya es el fin de esta, no valoraríamos las horas, los días, los años. Yo conocí la Muerte y el enfrentarla me hizo valorar las cosas simples. Pero quiere volver, escucho sus pasos, veo su sombra, ata mis manos y me corta las alas. Yo solo quiero paz, quiero volar y sentirme libre, quiero ser dueña de mi propia vida. Pero no puedo, quiere que tenga una Vida fingida, otra vez, quiere tapar mi rostro con antifaces que ahogan, se disfraza tras fiestas cínicas con doble lectura, fiestas frustradas, sin invitación, fiestas sin mí. Quiero motivos de celebración, alegrías y logros que me inspiren, para ya no ser una creación, sino un creador de nuevas realidades. Nuevas respuestas a interrogantes ya no ajenas a mí. Eso es lo que busco desde ya, respuestas a incógnitas de mi propia Vida, respuestas para que mi Sentido no llegue a su fin.

Violeta y Miguel

Están todos reunidos en la ceremonia, esperando que Violeta entre por la puerta. El negro nubla a los invitados. Hay un silencio absoluto, el que es interrumpido por el sonido de la puerta y unos pasos de desconocidos. Ellos traen a Violeta, maquillada, cubierta y helada. Nunca Violeta había permanecido tan silenciosa como ahora. Pasa frente a todos, sus rostros se muestran atónitos, congelados. Todos recuerdan lo que no pudieron hacer, lo que no pudieron decir y las veces que no supieron escuchar. Pero hay alguien en el salón que sí lo hizo. Miguel esta distraído y sin brillo en sus ojos, hasta que Violeta pasa frente a sus ojos, empapados en lágrimas. No refleja expresión alguna, son solo sus lágrimas las que lo delatan y que mientras corren por sus mejillas, todo se detiene, son solo Violeta y Miguel. No más miradas intrusas que interrumpen su último momento, con la única mujer que le daba sentido a su vida. Su única necesidad. Miguel recuerda su pacto con Violeta. Prometieron que nada, ni si quiera la muerte nos separará, porque “nuestro amor tiene una fuerza infinita, me costó una eternidad encontrarte y solo el fin de lo eterno nos separará”.
Miguel mira fijamente los ojos de Violeta con una intensidad que nunca antes había tenido. Después de un suspiro, Violeta lo mira con una paz infinita. Ella toma su mano con la misma suavidad de siempre. Miguel se recuesta junto a ella y se besan. Los sollozos inundan el lugar, queman como fuego negro.
Miguel ya no está, nadie lo nota porque saben, que si se va Violeta también se va Miguel, ya son uno solo para siempre y para todos los invitados.